lunes, 23 de noviembre de 2015

Problema ético: la moral política 



Algunos de los políticos pareciera que no tienen una visión auténtica de la moral porque no tienen visión auténtica de la persona. La moral se funda en la persona humana, más concretamente, en su dignidad. La moral por su parte, constituye desde el punto de vista formal, un conjunto de principios evaluativos y prescriptivos de toda conducta humana y de sus diferentes adjetivaciones, normas, costumbres, constituciones, estados, etc. Es un orden que dice lo que es justo o correcto y en ese decir, implícitamente, ordena conductas. Se exterioriza en prácticas e instituciones diversas y su finalidad social radica en prevenir los conflictos y promover la cooperación y el servicio. La siguiente frase de Mahatma Gandhi aclara bien la diferencia entre Moral y Ética: “He desobedecido a la ley no por querer faltar a la autoridad, sino por obedecer a la ley más importante de nuestra vida: la voz de la conciencia”. Gandhi faltó a la Moral, desobedeció la Ley de los ingleses, pero actuó de acuerdo con la Ética. Fue la Ética la que se ocupó de indicarle que el origen de la norma no era justo y para ser ético, para ser consecuente con la justicia, con su conciencia, debió quebrantar la norma de los ingleses. Política y Ética. Ambas se refieren a la praxis del hombre, a sus acciones, a lo que hacemos con el ejercicio de nuestra libertad; lo que las diferencia es que la Ética se ocupa del juicio de valor íntimo que el ser humano hace de su praxis, en tanto que la Política está vinculada a las normas e instituciones que regulan la vida del hombre en la sociedad, por lo que debe tenerse en cuenta la voluntad, obligaciones y derechos de los demás.

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Solución del problema ético la moral política.  


La necesidad de integración requiere no solamente el reconocimiento de que tanto la ética del comportamiento como la reforma institucional tienen sus respectivos papeles en el abordaje del desafío ambiental, sino también el cuidadoso escudriñar de sus interrelaciones: cuan exactamente pueden reforzarse mutuamente, y, no menos importante, cómo pueden también estar en conflicto. Los valores y las instituciones no son independientes unos de otras. Por supuesto tampoco lo son las consideraciones de eficiencia y equidad. Si bien se reconocen con frecuencia las interrelaciones entre éstas últimas, el enfoque suele ubicarse en el contexto del señalamiento de que la búsqueda de equidad puede a menudo entorpecer la eficiencia, mediante una serie de efectos contrarios, especialmente debido a la erosión de incentivos. Ciertamente esta es una consideración importante en numerosas situaciones, y debe ser tenida en cuenta, pero también cabe señalar que los nexos pueden ser mucho más complejos. De hecho, el atender el aspecto de equidad puede, en muchas circunstancias, ayudar a promover la eficiencia (en vez de obstaculizarla), porque puede ser que la conducta de las personas dependa de su sentido de lo que es justo y de su lectura acerca de si el comportamiento de los demás lo es.

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Entendidas como decisiones tomadas desde una posición de poder, que buscan el mayor provecho posible para el espacio público a partir de una selección deliberada de temas y alternativas de acción, las políticas públicas están siempre e inevitablemente vinculadas a una posición ética. Esta posición puede ser explícita o no; puede estar inscrita en el modelo de análisis elegido, en el tipo de racionabilidad atribuida a los actores implicados en ella o trasladarse al estudio de las restricciones que enfrentará el curso de acción propuesto, pero en todo caso será inevitable.
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Pero ¿qué debe ser la democracia?

Por una parte, la democracia debe saber «organizarse», la masa democrática, ya que estamos en democracia de masas -representativa y no directa-, debe ser «masa organizada». Esa organización, que recuerda la «institucionalización política de la moral», de la que hablaba en Ética y política, implica, si se hace adecuadamente, más participación ciudadana, menos acumulación de poder, menos preponderancia de los partidos. «Ser demócrata requiere anteponer o, al menos, no posponer, el interés por la participación política a los meros ideales económicos inmediatos. El problema -problema real- de la democracia es un problema moral» Lo cual implica que la democracia es un quehacer constante, algo que siempre está «por hacer», que nunca es del todo alcanzable, como le ocurre también a la moral. 


Referencias bibliográficas: 

 Diego José García C.* Universidad de Murcia 2010- España La deliberación moral en bioética. Interdisciplinariedad, pluralidad, especialización tomado de http://152.186.37.80/ecsah02/mod/lesson/view.php?id=4084&pageid=363 


El Litoral.com 2014 Moral y política, una relación  compleja tomado de http://www.ellitoral.com/index.php/id_um/96616-moral-y-politica-una-relacion-compleja.